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Posted On October 2, 2012 at 10:12 pm by /

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Entre risas y murmullos, se detienen frente a una chimenea de gas cercada por nichos iluminados que alojan estatuas de Buda y botellas de whisky. En una barra cercana, tres hombres observan el ir y venir de los tacones mientras se esfuerzan por recordar los nombres de las mujeres que les llamaron la atención.

Ya serio, se acomoda la camisa blanca y la chaqueta a rayas que descansa sobre sus jeans oscuros. Toma la carta y señala a una modelo en bikini que adorna la selección de tragos. Le cuento la historia tan chistosa. Esta chica era azafata de Viva Colombia. Íbamos en el avión y me encantó. Le hablé y salimos en Cartagena. Yo la necesitaba en mi staff como fuera.

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Lo que han cambiado son los dolientes. Cuando yo intenté hacerlo en , eran los traquetos los que pagaban, y yo siempre he querido estar lejos de eso. Me importa cinco cómo hacen los seres humanos su plata, pero hay gente que sí definitivamente no quiero que venga porque me dañaría la reputación.

Prefiero un cliente que se gaste un millón dos veces al mes y no uno que venga y se gaste en una noche 16 millones pero que me espante a tres de esos que son gente decente y superbién. Flirt empezó de manera casual hace alrededor de 15 años. Al poco tiempo, el padre de uno de sus amigos le propuso que consiguiera dos damas de compañía para unos empresarios de una multinacional europea que estaba a punto de entrar al país.

Tras un corto periodo de duda, Gamba pensó en un par de paisas voluptuosas que había rechazado para la agencia. Las dos mujeres salieron el viernes con los europeos.

Afortunadamente, las paisas tenían amigas. La historia se repitió los dos fines de semana siguientes. Las paisas cobraban En tres fines de semana, había ganado lo que la agencia matrimonial dejaba en aproximadamente mes y medio.

Al poco tiempo, se retiró de Ingeniería Industrial y dejó de lado la agencia matrimonial. Se concentró en el negocio que bautizó Flirt en e inició Administración de Empresas en la Universidad Sergio Arboleda.

Tras un par de años, se hartó de los domicilios, así que arrendó una casa cerca de su apartamento. No mucho después, compró la sede actual de Flirt.

El personal de la casa, una hostess y un administrador reciben clases de inglés en el Instituto Cambridge. Sari tiene 28 años y una mirada capaz de rendir a sus pies a cualquier hombre.

La capital colombiana no es sinónimo de futuro, pero sí tiene las llaves para cambiarle el decorado a un presente que cada vez lo advierte muy oscuro. Una que de momento parece no tener despertar. La historia del narco que fue socio del prostíbulo El Castillo. Hace diez días, Sari empacó una pequeña maleta, apenas con lo necesario. Sus mejores prendas, sus cosméticos, dos teléfonos celulares. Sabe que si la policía sospecha de sus movimientos, su voz es la carta para seducirlos y que se fijen en la vida de otro de los viajeros del bus.

El impresionante éxodo de venezolanos a Colombia. Llegaron a la zona de tolerancia del barrio Santa Fe, una cuadra debajo de la Avenida Caracas, entre calles 20 y Ambas comparten una modesta habitación donde las horas se pasan despacio, hasta que llegan las 5: En las calles del sector de tolerancia, varios mozos con chalecos estilo billarista, interceptan a decenas de hombres que van husmeando las puertas para elegir el lugar, y les ofrecen paisas, caleñas y venezolanas como principales atractivos.

Lo suyo no es el tubo, el pole dance, o quitarse la ropa de forma seductora delante de la mesa que ha pedido una botella de ron, aguardiente o whisky, que da derecho a tener de cerca a alguna de las mujeres del club. Las calles afuera de los clubes son un hervidero de hombres. No se puede casi andar. Tiene la frente ensangrentada y el semblante de quien se ha bebido una botella entera. Parece que no importa. La gente sigue de largo. El acento venezolano es un plus en el ambiente de la noche.

Sandra, una colombiana esbelta y menos voluptuosa que sus compañeras de La Piscina, intenta hacerse pasar por caraqueña.

Pero su inocultable deje de bogotana y el desconocimiento sobre el país vecino la delatan ante la primera pregunta. Migración Colombia cuenta apenas con el registro de los extranjeros que, por no reunir los requisitos legales de estancia en el país, devuelve a la frontera. Pero hay miles trabajando sin permiso y de ellos no se tiene noticia. Desde hace tres años la cifra de venezolanos que entran sellando el pasaporte en los puestos de control ha subido sin parar.

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No es la primera vez que Christian Krüger, director de Migración Colombia, responde este interrogante. Con sus manos ajusta su traje y pausadamente responde que no conoce el primer caso, que cuando entran por los puestos de control vienen como turistas, y cuando no lo hacen así pues ingresan por las trochas y ellos no se enteran.

Llegó a Saravena antes que Paola y recorrió otras zonas fronterizas antes de decidir que este pueblo le resultaba mejor: No tiene hijos como Paola, pero le envía dinero a su madre. Que uno tenga que venir a acostarse con personas mayores, a veces vienen borrachos".

Eso, de hecho, causó enojo entre las trabajadoras sexuales colombianas de Saravena, cuando todavía había muchas colombianas aquí. En algunas partes de Colombia las mujeres cobran Y porque obvio ya estoy cansada de esto. Pero reflexiona unos instantes, como haciendo cuentas, y agrega: Si me sale algo mejor, pues no vuelvo". También quiere cambiar de trabajo: Temas relacionados Colombia Venezuela América Latina.

Los 6 nuevos billetes con los que Venezuela busca combatir la devaluación del bolívar. Cómo Venezuela pasó de la bonanza petrolera a la emergencia económica. Los que deciden arriesgarse, pueden elegir un par de las modelos y agendar una cita para cancelar el valor restante y poder verlas en persona.

Lo que han cambiado son los dolientes. Cuando yo intenté hacerlo en , eran los traquetos los que pagaban, y yo siempre he querido estar lejos de eso. Me importa cinco cómo hacen los seres humanos su plata, pero hay gente que sí definitivamente no quiero que venga porque me dañaría la reputación. Prefiero un cliente que se gaste un millón dos veces al mes y no uno que venga y se gaste en una noche 16 millones pero que me espante a tres de esos que son gente decente y superbién.

Flirt empezó de manera casual hace alrededor de 15 años. Al poco tiempo, el padre de uno de sus amigos le propuso que consiguiera dos damas de compañía para unos empresarios de una multinacional europea que estaba a punto de entrar al país.

Tras un corto periodo de duda, Gamba pensó en un par de paisas voluptuosas que había rechazado para la agencia. Las dos mujeres salieron el viernes con los europeos.

Afortunadamente, las paisas tenían amigas. La historia se repitió los dos fines de semana siguientes. Las paisas cobraban En tres fines de semana, había ganado lo que la agencia matrimonial dejaba en aproximadamente mes y medio. Al poco tiempo, se retiró de Ingeniería Industrial y dejó de lado la agencia matrimonial.

Se concentró en el negocio que bautizó Flirt en e inició Administración de Empresas en la Universidad Sergio Arboleda. Tras un par de años, se hartó de los domicilios, así que arrendó una casa cerca de su apartamento. No mucho después, compró la sede actual de Flirt. El personal de la casa, una hostess y un administrador reciben clases de inglés en el Instituto Cambridge.

El aguardiente es uno de los tragos menos pedidos. No hay bouncers o equipo de seguridad, y solo se aceptan clientes con reserva. Se cierran licitaciones entre políticos y empresarios, y deportistas, actores y esposos de modelos ocasionalmente visitan el lugar. Hace dos años, un grupo de petroleros pagó una cuenta de 38 millones de pesos, el precio de un automóvil nuevo de gama media. Este año, Gamba quiere organizar una fiesta en un yate privado en Cartagena, con un costo de dólares por persona.

No obstante, priman las minifaldas y los escotes desmedidos. Existen cuerpos para satisfacer a cualquiera. Hay cuatro habitaciones con características especiales. La Suite Flirt tiene un jacuzzi de los años ochenta que revela el pasado del lugar, hace un par de décadas, la casa de fiestas de un esmeraldero.

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Cómo es vivir en un prostíbulo. Mira de reojo sus escotes envuelto en una chaqueta gris brillante. Un piso arriba, dos mujeres en diminutas tangas posan de espaldas para un fotógrafo y su trípode.

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